La rueda celeste, de Ursula K. Le Guin

El fin justifica los medios; ¿pero qué ocurre si nunca hay un fin? Todo lo que tenemos son medios.

PortadaPuntuación: 3,5/5
Autor: Ursula K. Le Guin
Género: ciencia ficción
Editorial: Minotauro

¿Qué ocurriría si tus sueños tuvieran el poder de cambiar el mundo?

George Orr es un hombre que, pese a su actitud pasiva y conformista, acarrea con un gran peso a sus espaldas: algunos de sus sueños pueden alterar su vida y todo cuanto le rodea. Aunque no todos los sueños son “efectivos”, George se ve consumido e incluso paralizado por el terror que le infunde la imprevisibilidad de su subconsciente. Ten cuidado con lo que deseas.

El protagonista, residente en la atestada ciudad de Portland, recurre a las drogas con la esperanza de inhibir la efectividad de sus sueños. No obstante, las autoridades lo detienen rápidamente al detectar un uso indebido de tarjetas farmacéuticas ajenas. A partir de este momento, tiene dos opciones: someterse a una terapia “voluntaria” con el doctor Haber o, de lo contrario, ingresar en una institución psiquiátrica. Una situación imposible.

El doctor Haber, un hombre soberbio y en principio incrédulo, induce a George a una serie de sueños profundos mediante hipnosis y el uso de un misterioso aparato (el “Aumentador”), que garantiza la llegada al estado REM en un tiempo récord. Lo que comienza como una serie de experimentos inofensivos, tales como cambiar la decoración de una consulta, pronto se transforma en una serie catastróficas desdichas a medida que Haber abusa del poder de George “por el bien del mundo”. El problema, claro está, reside en que resulta imposible dictar un guion para los sueños: el subconsciente de George pronto interpretará las directrices de Haber de la forma más inverosímil. Por poner un ejemplo, si Haber pide la paz mundial, el subconsciente de George eliminará el conflicto entre humanos e introducirá un enemigo común: ¡alienígenas!

Cuando esta situación se repite una, y dos, y tres veces, el mensaje está más que claro: no se puede controlar lo incontrolable e imponer una única visión en el mundo… En pocas palabras, no se puede jugar a ser Dios. Las actitudes del doctor Haber y George chocan irremediablemente: uno ve lógica su intervención en pos del bienestar mundial, mientras que otro busca por todos los medios deshacerse de tal responsabilidad y limitarse a aceptar la realidad tal y como es, tanto para bien como para mal.

No se trata de una historia que repare en los detalles respecto al funcionamiento del Aumentador o los sueños de George; de hecho, la acción avanza a pasos agigantados a medida que las realidades se sobreponen una tras otra. Resulta inevitable llegar rápidamente al punto de la historia en el que se cuestiona si no sería más sencillo obligar a George a soñar con una cura que extinguiera los sueños efectivos. Sin embargo, podría decirse que la verdadera solución del problema empieza por un cambio en la actitud del personaje.

Puede que la premisa de la novela haya envejecido algo mal con el paso de los años, pero la resolución del conflicto es algo… confusa, incluso en el contexto onírico de la novela. En este caso, es posible que lo más importante sea la transformación del protagonista y no tanto los hechos en sí. Dicho esto, no me queda muy claro el significado del último sueño de George; ¿por qué es este el desencadenante para que salte a la acción?

Lo que en principio aparenta ser una premisa sencilla da lugar a un abanico de reflexiones sobre la ética, el poder, el control y la posición que adoptamos para afrontar estas situaciones. En la superficie, George acaba por retomar las riendas de su vida y aceptar una realidad un tanto más colorida y optimista. Parece un final bastante cerrado y satisfactorio, aunque no exento de incógnitas: ¿es todo un sueño de George o Haber? ¿Están todos vivos gracias a los sueños de George?

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Station Eleven, de Emily St. John Mandel

I stood looking over my damaged home and tried to forget the sweetness of life on Earth.

station-elevenPuntuación: 4/5
Autor: Emily St. John Mandel
Género: ciencia ficción
Editorial: Picador

Station Eleven, de Emily St. John Mandel, es una novela posapocalíptica que relata los eventos acontecidos antes y después de una epidemia que arrasa en cuestión de días con la mayor parte de la población mundial. A primera vista, puede resultar una premisa bastante recurrente en novelas de género, pero a diferencia de la mayoría, se trata de una historia cuya fuerza recae en la evolución de los personajes.

La historia arranca con la muerte del actor Arthur Leander durante una representación teatral de El rey Lear. Aunque no hay un único protagonista en esta historia, Arthur es el principal nexo de unión entre los distintos personajes representados en la historia (consciente e inconscientemente), en una línea similar a la hipótesis de los seis grados de separación. De este modo, conocemos a Kirsten, una joven actriz que interpreta a una de las hijas del rey Lear; a Jeevan, paramédico en ciernes con una trayectoria profesional algo variopinta; Miranda, la primera mujer de Arthur y autora de la novela gráfica Station Eleven; Clark, el mejor amigo de Arthur; y Elizabeth y Tyler, segunda mujer y primogénito de Arthur, respectivamente.

Aunque la autora deja caer alguna pista puntual, desconocemos lo que ocurre justo después o durante la epidemia. No obstante, no es algo que perjudique al desarrollo de la historia. No nos centraremos tanto en el porqué del apocalipsis o los supuestos años de caos y destrucción que le precedieron; en su lugar, observaremos las vidas de los personajes antes de la tragedia y durante los años 15-20, donde el arte y la cultura prevalecen (no solo en las formas más exaltadas como las obras de Shakespeare, sino en otras aparentemente más “triviales” como novelas gráficas, revistas de cotilleos, aparatos electrónicos, etc.), se forman nuevas comunidades e identidades, y la supervivencia es algo más que una una consecuencia fortuita. Tal y como reza el lema de la compañía teatral a la que Kirsten pertenece: “No basta con sobrevivir”.

Las numerosas pinceladas de las vidas de todos y cada uno de estos personajes, intercaladas a lo largo de la novela, nos permiten observar la curiosa transformación de un grupo de personas aparentemente heterogéneo. Supongo que ese es uno de los aspectos que más me han atraído de la novela: su tono sutil a la par que optimista. Aunque posee los típicos elementos de historias posapocalípticas (la sensación de aislamiento, inseguridad, falta de comunicación, comodidades como la electricidad y los medios de transporte, etc.), Station Eleven ofrece una perspectiva distinta al terror y a la acción que estamos acostumbrados a ver. Esto no quiere decir que esté completamente exenta de acción o misterio; en cambio, lo que más destaca es la prevalencia de la naturaleza humana. Por una vez, contemplamos cómo la población ha empezado a asentarse y no solo ha asumido una nueva realidad, sino que empieza a vislumbrarse un atisbo de esperanza. En esta misma línea, resulta interesante el debate sobre la actitud que las personas adoptan respecto a los conocimientos del ya antiguo mundo: ¿sería mejor preservarlos y honrarlos, como Clark en su Museo de la civilización, o ignorarlos para que las nuevas generaciones no sean conscientes del desolador futuro que les aguarda?

Station Eleven no deja indiferente y da mucho que pensar. Las vivencias de los personajes, lejos de parecer experiencias inconexas, forman gradualmente un mosaico bastante realista. Si hay algo positivo que puede extraerse de la conducta de cada uno de los personajes es su increíble resiliencia. La actitud humana ante la pérdida y los recuerdos, así como las distintas formas de dotar de significado su existencia, es como un soplo de aire fresco en la habitual tendencia de historias posapocalípticas.

Os recomiendo darle una oportunidad, seáis o no amantes del género. En España la novela está publicada bajo el título Estación Once, con traducción de Puerto Barruetabeña.

Memoirs of a Polar Bear, de Yōko Tawada

When would Matthias show his face again? How unendurable Knut found this question, or maybe it wasn’t the question, it was just the time he spent waiting, he thought. Once time began to exist, it was impossible for it to end on its own.

PortadaPuntuación: 4/5
Autor: Yōko Tawada
Género: realismo mágico
Editorial: Portobello Books
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El realismo mágico siempre me ha resultado un género un tanto impredecible. Igual que hace unos años inhalaba todo lo que Murakami escribía, ahora creo que me resultaría más difícil digerir Norwegian Wood; por el contrario, posiblemente apreciaría mucho más Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Al final, depende de la época y del estado de ánimo con el que lo enfoque. Dicho esto, podría afirmar que Memoirs of a Polar Bear, de Yōko Tawada, apareció en el momento más oportuno.

Esta novela abarca las vidas de tres generaciones de osos polares, a través de los cuales se da voz a distintas cuestiones de carácter humano y animal. Una de las temáticas predominantes en las tres voces es la observación y el análisis desde una perspectiva externa: ajeno a una nación, idioma, y, sobre todo, especie.

En primer lugar, tenemos a una osa polar jubilada de la Unión Soviética que encuentra su verdadera pasión en las letras. Tras alcanzar un éxito moderado con la publicación de su autobiografía, se ve obligada a emigrar a Alemania. Una vez establecida allí, decide escribir en alemán y no en ruso, algo que su editor critica por miedo a limitar su capacidad de expresarse en un idioma distinto a su lengua materna. La osa, sin embargo, es también ajena al concepto de lengua materna, ya que no considera que su madre esté representada por ningún idioma. Se trata de un guiño bastante obvio a la trayectoria profesional de la propia autora, nacida en Japón y residente en Alemania, con un volumen de obras publicadas similar en ambos idiomas.

La segunda parte se centra en Tosca, su hija, una hábil artista circense. En esta ocasión, la perspectiva cambia a la de su entrenadora, aunque llegados a la última parte de la historia resulta difícil discernir quién es realmente el narrador de la historia: ¿es la entrenadora o Tosca contando la historia de la entrenadora?

Por último, Tosca acaba en el zoo de Berlín, lugar donde da a luz a Knut y a su hermano. Solo sobrevive Knut, cuya crianza queda relegada a manos de dos empleados del zoo tras ser rechazado por su madre. Si la historia os resulta familiar, no es mera casualidad: Knut fue un famoso oso polar nacido y criado en el zoo de Berlín en 2006. Pese a su corta vida, sus extraordinarias circunstancias no estuvieron exentas de cierta controversia.

En general, se trata de una novela extraña, amena y, a ratos, dura. Por una parte, los tres narradores ponen en tela de juicio cuestiones como el bienestar animal y el impacto de la intervención humana en las vidas de animales salvajes; por otra parte, la perspectiva externa y ligeramente humanoide de los osos polares invita a la reflexión sobre nuestra actitud ante la soledad, la añoranza y la imperante necesidad de dotar a nuestras vidas de significado a toda costa.

A Natural History of Dragons, de Marie Brennan

The dragon within my heart stirred, shifting her wings, as if remembering they could be used to fly.

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Puntuación: 5/5
Autor: Marie Brennan
Género: fantasía
Editorial: Tor Books

A Natural History of Dragons, de Marie Brennan, ha sido una de las lecturas que más he disfrutado en lo que llevamos de año. Esta serie de cinco libros, ambientada en un mundo alternativo bastante similar a Inglaterra, narra la vida y las aventuras de Isabella, una de las más reputadas naturalistas de dragones. En esta primera entrega, que abarca desde la adolescencia hasta los 19 años, descubrimos el origen de su interés por los dragones y sus primeros pasos en su agitada trayectoria científica.

La mejor manera que se me ocurre de describir a Isabella es como una Jane Eyre alternativa, nacida en el seno de una familia un tanto menos déspota en plena época victoriana y consumida por su verdadera pasión: el estudio científico de los dragones. No obstante, el marco histórico de la novela implica que demostrar interés por la ciencia o, realmente, ser mujer y desviarse de cualquier tipo de papel sumiso, no se ajusta del todo a las convenciones de la época. Tras casarse, Isabella logra apañárselas para ir de expedición con su marido y un grupo de intelectuales a las montañas de Vystrana, donde estudiarán los misterios que rodean a los guivernos.

La historia está narrada desde un punto de vista retrospectivo, lo que otorga a la protagonista la oportunidad de comentar ciertas decisiones o actitudes desde la perspectiva de una edad mucho más adulta. Isabella es una mujer determinada, tenaz y dispuesta a entregarse a su pasión, cueste lo que cueste. Al mismo tiempo, derrumba los roles de género establecidos a lo largo de su historia, desde el ámbito familiar hasta el profesional. Su voz más adulta reconoce que su andadura no está exenta de fallos o ingenuidad; de hecho, es el equilibrio entre su voz adulta y joven, cargada de determinación y pragmatismo, lo que la convierte en un personaje creíble.

I believed myself to be ready then; now, with the hindsight brought by greater age, I see myself for the naive and inexperienced young woman I was. We all begin in such a manner, though. There is no quick route to experience.

Aunque la narración retrospectiva nos asegura que Isabella nunca corre ningún peligro real, es algo que estoy dispuesta a pasar por alto en favor de la voz de la protagonista. Creo que no ha habido momento en el que ha perdido la coherencia, siempre ciñéndose a su perspectiva como científica, incluso cuando se ve obligada a mencionar los aspectos más duros de su vida sentimental y familiar:

I will not attempt to lay before you the pain I suffered then. I have said what I can; it is insufficient, but then I am a scientist, and not a poet. My feelings are strong as any woman’s, but I lack the words to express them. 

SparklingPasando a los otros protagonistas de la novela, los dragones, he de advertir que en esta serie no son tratados como criaturas místicas o sobrenaturales. Su existencia es algo que está aceptado en la sociedad; no obstante, son muchos los misterios que rodean a estas criaturas y que despiertan el interés inquisitivo de Isabella. Se describen desde un punto de vista científico, incluido su anatomía y comportamiento. Un detalle curioso: algunas de las observaciones de Isabella vienen acompañadas de ilustraciones de Todd Lockwood, artista que también está a cargo de las maravillosas cubiertas.

Parte de la razón por la que el libro recibe críticas tan dispares es porque no suele ser lo que el lector espera. No esperéis batallas épicas, dragones elocuentes, magia o giros inesperados. No obstante, si buscáis una lectura amena y la fantasía de costumbres es algo que os llama la atención, dadle una oportunidad. A mí me sorprendió de forma muy positiva, y estoy deseando leer el resto de la serie.

Every Heart a Doorway, de Seanan McGuire

For us, places we went were home. We didn’t care if they were good or evil or neutral or what. We cared about the fact that for the first time, we didn’t have to pretend to be something we weren’t. We just got to be. That made all the difference in the world.

Puntuación: 3/5
Autor: Seanan McGuire
Género: fantasía
Editorial: Tor Books

PortadaEvery Heart a Doorway es una novela corta, la primera de la trilogía Wayward Children, cuya historia gira en torno a la premisa de una serie de niños que han traspasado a mundos fantásticos, mundos que ahora consideran su verdadero hogar. Los mundos parecen estar moldeados acorde a la personalidad de cada individuo, y todos ellos se definen según su orientación más próxima a la Lógica o, en cambio, al Sin sentido. Debido a una serie de diferentes circunstancias, los niños son expulsados de estos mundos; no obstante, no cesan sus intentos de volver a encontrar el camino -o, literalmente, la puerta- que los conduzca de nuevo a sus mundos. Ante la imposibilidad de readaptarse a la “vieja” realidad, la mayoría de los padres rechazan estas experiencias para tacharlas de traumas que los niños han sufrido durante su desaparición. En última instancia, recurren al internado de Eleanor West, una especie de centro de rehabilitación donde el propósito no es tanto olvidar la experiencia vivida y pasar página, sino ser capaces de reconciliarse con la nueva realidad que los rodea, ya que las posibilidades de volver son ínfimas.

Sin duda, es una premisa interesante y con mucho potencial, que vamos descubriendo mediante los ojos de Nancy Whitman, una chica que ha sido expulsada de una especie de reino de los muertos y que, como el resto, busca desesperadamente la puerta que la conduzca de vuelta a su mundo. Todo ello se desenvuelve en una prosa fluida y agradable, que abarca temas sobre la identidad, la familia y la aceptación, sin llegar a ser excesivamente cargante o condescendiente. Para el prototipo de lector de fantasía que busca evadirse, es una premisa con la que puede sentirse fácilmente identificado.

En mi opinión, es ese inesperado elemento de misterio a mitad de la historia lo que provoca que todo se vaya un poco por la borda. Quizá era porque esperaba una historia centrada en el desarrollo de los personajes, más que en un forzado giro argumental. O quizá no es el elemento misterioso en sí, sino la ejecución del mismo. Sin desvelar elementos de la trama, diré que me resultó cómica la escena a lo Breaking Bad seguida de Christopher como el flautista de Hamelín. No hablo de la falta de verosimilitud, ya que sería absurdo argumentar eso en una novela fantástica, sino de ese corte tan abrupto en el tono de la historia, por no mencionar la previsibilidad.
Por otra parte, como muchos han apuntado ya, es de elogiar un reparto tan heterogéneo de personajes. Aun así, me pareció que la inclusión de personajes asexuales y transexuales por parte de la autora era algo… forzosa (sobre todo los diálogos iniciales entre ellos); como si el propósito fuera tachar elementos de una lista.

No quiero decir que Every Heart a Doorway haya sido una decepción, pero últimamente no logro acertar del todo con la fantasía. La versión que Tor Books ofreció recientemente de forma gratuita, en formato ebook, incluía un adelanto de la segunda parte – Down Among the Sticks and Bones – que me ha dejado con ganas de más. Por el momento, creo que me tomaré un respiro.

Yabarí, de Lola Robles

Son hombres como usted y yo, y como los yabaríes. Cuando eran niños, igual que todos estos pequeños con los que vamos, tenían el corazón limpio. Se han comportado de una forma malvada, pero quizás en sus circunstancias los demás también lo haríamos.

Puntuación: 5/5
Autor: Lola Robles
Género: ciencia ficción
Editorial: Editorial Cerbero

PortadaYabarí es la segunda entrega de la colección Wyser de la Editorial Cerbero. Esta nueva editorial desembarcó en Barcelona la semana pasada y, tras asistir a la presentación en Gilgamesh y oír hablar a Lola Robles, sabía que tenía que leer esta novela corta. Y no me defraudó. Me da cierto reparo reconocer que tengo serias lagunas en obras de género firmadas por autores españoles (y ya no hablemos autoras), aunque espero ir remediándolo poco a poco.

Nada más empezar la lectura, me sorprendió descubrir el guiño a la famosa novela de Joseph Conrad, pues me trajo gratos recuerdos de mis últimos años de carrera. En esta ocasión, no estamos en África, sino en Yabarí, un planeta cuya vasta selva alberga una nueva y codiciada forma de combustible, la bentá. La protagonista, Muriel Johansdóttir, acude al planeta como corresponsal de la agencia LEF con el objetivo de investigar ciertas prácticas cuestionables que están llevando a cabo las empresas explotadoras sobre los nativos de este planeta. Por desgracia, a pesar de estar ambientada en un futuro donde abundan los avances tecnológicos y los viajes espaciales, hay cuestiones que han logrado permanecer vigentes con el paso del tiempo: corrupción, maltrato, explotación sexual de las mujeres, etc.

Yabarí es una novela corta que logra plantear una serie de cuestiones interesantes sin perjudicar al trepidante ritmo de la historia. Muchos argumentarán que no existe un “cierre” como tal; no obstante, creo que parte del atractivo de la novela es dejar suficiente espacio al lector para reflexionar y formar sus propias opiniones. Lola Robles comentaba durante la presentación que vivimos actualmente en la sociedad de lo inmediato, e incluso añadiría, en un entorno donde lo habitual es recibir un exceso de información que digerimos sin pensar.

Más allá de la acción y del increíble mundo que Robles ha creado en tan pocas páginas, uno de mis momentos favoritos de la historia es el debate que tiene lugar entre Darkóvic y Managua sobre la naturaleza de las misteriosas Zonas Blancas de la selva (un poco como Jack y Locke en Lost: hombre de ciencia y hombre de fe, respectivamente). En cualquier caso, ambos personajes arrojan explicaciones de distinta naturaleza sobre los misteriosos eventos que suceden en estos enclaves. No llegamos a conocer la opinión de la periodista pero, en el contexto de esta novela, ¿quién tiene autoridad para afirmar que una teoría es más válida que la otra? Darkóvic va un paso más allá: ¿hasta qué punto resulta relevante saber la verdad, si antes de que lleguemos a una conclusión hemos pasado al siguiente asunto del día? Aunque el principal objetivo de Johansdóttir sea denunciar a las empresas explotadoras, ella misma es consciente de que cualquier tipo de respuesta o ayuda por parte de otros planetas llevará tiempo.
Quizá no es tan importante la respuesta en sí a estas cuestiones, sino la búsqueda de la verdad a través de los testimonios de distintos individuos moldeados por sus propias creencias y su educación (ya vemos lo pronto que se desacreditan los personajes entre sí) y nuestra actitud a la hora de enfrentarnos a la verdad. Cuando por fin contamos con los puntos de vista de Darkóvic, Managua y el nativo, ¿sirve toda esa información para llegar a una respuesta o para distorsionar la realidad todavía más?

Otro de mis elementos favoritos de la historia (y esto es raro que lo diga) es la protagonista. En ocasiones, me resulta difícil conectar con los personajes femeninos retratados en historias de fantasía y ciencia ficción porque todas parecen tener en común cierta fuerza, poder especial o voluntad que las conduce sin vacilación a lo largo de la historia. Sin embargo, Muriel es… humana, en el mejor sentido de la palabra. No solo demuestra ser tenaz, curiosa e incluso valiente cuando la situación lo requiere, sino que también entrevemos vulnerabilidad, miedo e incertidumbre.

En resumen, Yabarí es una novela corta con una gran carga argumental que cumple a la perfección su propósito. No será lo último que lea de Lola Robles o de esta editorial. Si os interesa, podéis haceros con el libro en formato físico o digital desde su propia página web.

El cuento de la criada, de Margaret Atwood

Mejor nunca significa mejor para todos. Para algunos siempre es peor.

Puntuación: 5/5
Autor: Margaret Atwood
Género: distopía, ficción especulativa
Editorial: Penguin Random House

PortadaCreo que por fin me he reencontrado con Margaret Atwood. Después de leer MadAddam y Hag-Seed (de la última quiero hablar en algún momento, ya que forma parte de la serie Hogarth Shakespeare), tenía una impresión algo tibia de la autora. No lograba conectar del todo con sus personajes o con su estilo literario, pero The Handmaid’s Tale (El cuento de la criada, recientemente reeditado por la editorial Salamandra a propósito del estreno de la adaptación televisiva) es otra historia. La novela, publicada por primera vez en 1985, es relevante e incómoda a partes iguales, quizá ahora más que nunca.

The Handmaid’s Tale es una novela distópica ambientada en un futuro cercano en la República de Gilead (anteriormente Estados Unidos), donde se ejerce un régimen teocrático que contempla una vuelta a los valores puritanos del siglo XVII. 

La novela está narrada en primera persona e incluye una serie de flashbacks en los que Offred, la protagonista, intercala recuerdos del pasado (sus años universitarios, su relación con su madre y su mejor amiga, el nacimiento de su hija, etc.) con sus vivencias actuales como Criada en la residencia del Comandante Waterford, acompañada de la mujer del Comandante y las Marthas encargadas de las tareas del hogar. Debido a los bajos índices de fertilidad que han asolado a la República de Gilead, la tarea principal de las Criadas consiste en mantener relaciones sexuales con el Comandante con la esperanza de producir descendencia.

La religión es uno de los pilares fundamentales en los que se basa esta sociedad, siempre bajo el pretexto de aumentar la tasa de natalidad de la población. La figura de la mujer queda desprovista de identidad y es relegada un único plano: ser madre. Por esta razón, la República ejerce todo su poder con el fin de controlar el cuerpo y la identidad de las mujeres; no pueden votar, leer, o tener propiedad o trabajo. A diferencia de los hombres, las mujeres están únicamente definidas por su rol de género: esposas, hijas, criadas, tías, Marthas, «Jezebels» (prostitutas) y «Unwomen» (detractoras del régimen).

Por otra parte, el poder también se ejerce mediante un uso específico del lenguaje, incluidas las fórmulas dialectales cotidianas (saludos, despedidas, muestras de agradecimiento, etc.) restringiendo así las ideas que puedan expresarse. De hecho, incluso la propia denominación de las Criadas implica sumisión, ya que sus nombres están compuestos por el nombre del Comandante al que pertenecen (Offred, en inglés: Of Fred; o en español: Defred: de Fred).

Las figuras secundarias de esta jerarquía incluyen, entre otros, los Obreros (trabajadores del Comandante a los que no se les asignan mujeres), los Ojos (espías del régimen), las Marthas (sirvientas del hogar) y las Tías (encargadas de la instrucción y supervisión de las Criadas). Cualquier desviación de la norma por parte de las Criadas o fracaso a la hora de procrear después de un período determinado de tiempo (al fin y al cabo, la sociedad solo reconoce a las mujeres como causantes de la infertilidad) implica su exilio a las Colonias, donde llevarán a cabo labores de limpieza de residuos tóxicos u otras sustancias hasta su inevitable muerte.

Por desgracia, la respuesta al abuso de poder y el sentimiento que, finalmente, prevalece a lo largo de la novela es la complacencia por parte de todos los miembros de la sociedad. Moira, el Comandante, Offred, Serena Joy, las Tías… todos y cada uno de ellos intentan aferrarse a cualquier atisbo o ilusión de poder, incluso si ello implica traicionar su propia identidad y valores, al mismo tiempo que colaboran a perpetuar el régimen.

Como es de esperar, el final es escalofriante y desolador, aunque he de reconocer que sentí algo de alivio al leer el epílogo. Uno de los elementos más espeluznantes de la distopía que Atwood propone se centra en el hecho de que algunas de estas prácticas han existido, o existen, en algunas culturas. El tema principal es el control de la natalidad y la sumisión de las mujeres, representado en esencia por la figura de la Criada; no obstante, también vemos la persecución y condena de los delincuentes en público; robos de niños por parte del gobierno en las primeras etapas de la consolidación del régimen; persecución y castigo por distintas orientaciones sexuales, etc. Por desgracia, no es una historia con moraleja, ya que no es necesario hacer un exagerado esfuerzo de imaginación para comprender muchos de los sucesos acontecidos en The Handmaid’s Tale. En la mayoría de los casos, siguen siendo una posibilidad más que factible en la sociedad actual.