Station Eleven, de Emily St. John Mandel

I stood looking over my damaged home and tried to forget the sweetness of life on Earth.

station-elevenPuntuación: 4/5
Autor: Emily St. John Mandel
Género: ciencia ficción
Editorial: Picador

Station Eleven, de Emily St. John Mandel, es una novela posapocalíptica que relata los eventos acontecidos antes y después de una epidemia que arrasa en cuestión de días con la mayor parte de la población mundial. A primera vista, puede resultar una premisa bastante recurrente en novelas de género, pero a diferencia de la mayoría, se trata de una historia cuya fuerza recae en la evolución de los personajes.

La historia arranca con la muerte del actor Arthur Leander durante una representación teatral de El rey Lear. Aunque no hay un único protagonista en esta historia, Arthur es el principal nexo de unión entre los distintos personajes representados en la historia (consciente e inconscientemente), en una línea similar a la hipótesis de los seis grados de separación. De este modo, conocemos a Kirsten, una joven actriz que interpreta a una de las hijas del rey Lear; a Jeevan, paramédico en ciernes con una trayectoria profesional algo variopinta; Miranda, la primera mujer de Arthur y autora de la novela gráfica Station Eleven; Clark, el mejor amigo de Arthur; y Elizabeth y Tyler, segunda mujer y primogénito de Arthur, respectivamente.

Aunque la autora deja caer alguna pista puntual, desconocemos lo que ocurre justo después o durante la epidemia. No obstante, no es algo que perjudique al desarrollo de la historia. No nos centraremos tanto en el porqué del apocalipsis o los supuestos años de caos y destrucción que le precedieron; en su lugar, observaremos las vidas de los personajes antes de la tragedia y durante los años 15-20, donde el arte y la cultura prevalecen (no solo en las formas más exaltadas como las obras de Shakespeare, sino en otras aparentemente más “triviales” como novelas gráficas, revistas de cotilleos, aparatos electrónicos, etc.), se forman nuevas comunidades e identidades, y la supervivencia es algo más que una una consecuencia fortuita. Tal y como reza el lema de la compañía teatral a la que Kirsten pertenece: “No basta con sobrevivir”.

Las numerosas pinceladas de las vidas de todos y cada uno de estos personajes, intercaladas a lo largo de la novela, nos permiten observar la curiosa transformación de un grupo de personas aparentemente heterogéneo. Supongo que ese es uno de los aspectos que más me han atraído de la novela: su tono sutil a la par que optimista. Aunque posee los típicos elementos de historias posapocalípticas (la sensación de aislamiento, inseguridad, falta de comunicación, comodidades como la electricidad y los medios de transporte, etc.), Station Eleven ofrece una perspectiva distinta al terror y a la acción que estamos acostumbrados a ver. Esto no quiere decir que esté completamente exenta de acción o misterio; en cambio, lo que más destaca es la prevalencia de la naturaleza humana. Por una vez, contemplamos cómo la población ha empezado a asentarse y no solo ha asumido una nueva realidad, sino que empieza a vislumbrarse un atisbo de esperanza. En esta misma línea, resulta interesante el debate sobre la actitud que las personas adoptan respecto a los conocimientos del ya antiguo mundo: ¿sería mejor preservarlos y honrarlos, como Clark en su Museo de la civilización, o ignorarlos para que las nuevas generaciones no sean conscientes del desolador futuro que les aguarda?

Station Eleven no deja indiferente y da mucho que pensar. Las vivencias de los personajes, lejos de parecer experiencias inconexas, forman gradualmente un mosaico bastante realista. Si hay algo positivo que puede extraerse de la conducta de cada uno de los personajes es su increíble resiliencia. La actitud humana ante la pérdida y los recuerdos, así como las distintas formas de dotar de significado su existencia, es como un soplo de aire fresco en la habitual tendencia de historias posapocalípticas.

Os recomiendo darle una oportunidad, seáis o no amantes del género. En España la novela está publicada bajo el título Estación Once, con traducción de Puerto Barruetabeña.

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