A Natural History of Dragons, de Marie Brennan

The dragon within my heart stirred, shifting her wings, as if remembering they could be used to fly.

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Puntuación: 5/5
Autor: Marie Brennan
Género: fantasía
Editorial: Tor Books

A Natural History of Dragons, de Marie Brennan, ha sido una de las lecturas que más he disfrutado en lo que llevamos de año. Esta serie de cinco libros, ambientada en un mundo alternativo bastante similar a Inglaterra, narra la vida y las aventuras de Isabella, una de las más reputadas naturalistas de dragones. En esta primera entrega, que abarca desde la adolescencia hasta los 19 años, descubrimos el origen de su interés por los dragones y sus primeros pasos en su agitada trayectoria científica.

La mejor manera que se me ocurre de describir a Isabella es como una Jane Eyre alternativa, nacida en el seno de una familia un tanto menos déspota en plena época victoriana y consumida por su verdadera pasión: el estudio científico de los dragones. No obstante, el marco histórico de la novela implica que demostrar interés por la ciencia o, realmente, ser mujer y desviarse de cualquier tipo de papel sumiso, no se ajusta del todo a las convenciones de la época. Tras casarse, Isabella logra apañárselas para ir de expedición con su marido y un grupo de intelectuales a las montañas de Vystrana, donde estudiarán los misterios que rodean a los guivernos.

La historia está narrada desde un punto de vista retrospectivo, lo que otorga a la protagonista la oportunidad de comentar ciertas decisiones o actitudes desde la perspectiva de una edad mucho más adulta. Isabella es una mujer determinada, tenaz y dispuesta a entregarse a su pasión, cueste lo que cueste. Al mismo tiempo, derrumba los roles de género establecidos a lo largo de su historia, desde el ámbito familiar hasta el profesional. Su voz más adulta reconoce que su andadura no está exenta de fallos o ingenuidad; de hecho, es el equilibrio entre su voz adulta y joven, cargada de determinación y pragmatismo, lo que la convierte en un personaje creíble.

I believed myself to be ready then; now, with the hindsight brought by greater age, I see myself for the naive and inexperienced young woman I was. We all begin in such a manner, though. There is no quick route to experience.

Aunque la narración retrospectiva nos asegura que Isabella nunca corre ningún peligro real, es algo que estoy dispuesta a pasar por alto en favor de la voz de la protagonista. Creo que no ha habido momento en el que ha perdido la coherencia, siempre ciñéndose a su perspectiva como científica, incluso cuando se ve obligada a mencionar los aspectos más duros de su vida sentimental y familiar:

I will not attempt to lay before you the pain I suffered then. I have said what I can; it is insufficient, but then I am a scientist, and not a poet. My feelings are strong as any woman’s, but I lack the words to express them. 

SparklingPasando a los otros protagonistas de la novela, los dragones, he de advertir que en esta serie no son tratados como criaturas místicas o sobrenaturales. Su existencia es algo que está aceptado en la sociedad; no obstante, son muchos los misterios que rodean a estas criaturas y que despiertan el interés inquisitivo de Isabella. Se describen desde un punto de vista científico, incluido su anatomía y comportamiento. Un detalle curioso: algunas de las observaciones de Isabella vienen acompañadas de ilustraciones de Todd Lockwood, artista que también está a cargo de las maravillosas cubiertas.

Parte de la razón por la que el libro recibe críticas tan dispares es porque no suele ser lo que el lector espera. No esperéis batallas épicas, dragones elocuentes, magia o giros inesperados. No obstante, si buscáis una lectura amena y la fantasía de costumbres es algo que os llama la atención, dadle una oportunidad. A mí me sorprendió de forma muy positiva, y estoy deseando leer el resto de la serie.

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Revisitando clásicos: Frankenstein, de Mary Shelley

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Puntuación: 5/5
Autor: Mary Shelley
Género: literatura gótica
Editorial: Penguin English Library

Reseñar clásicos siempre me parece un asunto peliagudo. No sé si será por el momento en el que lo he leído o por querer indagar más por mi cuenta, pero hace poco volví a leer Frankenstein y me apetecía hablar un poco sobre él.

Las interpretaciones que se pueden extraer son innumerables, desde el plano histórico, biográfico, bíblico, mitológico, etc…, lo que probablemente sea en parte la razón por la que la obra se haya adaptado a todo tipo de medios y hoy, casi 200 años después, siga siendo relevante. No quiere decir que sea una novela fácil de leer, que sus personajes sean perfectos o que esté exenta de fallos, pero, desde mi punto de vista, es la ambivalencia de todas y cada una de estas interpretaciones lo que la hace interesante.

La novela se desarrolla en un marco narrativo compuesto por varias “capas”: como introducción, tenemos la correspondencia entre Robert Walton y su hermana durante su solitaria expedición en el Ártico, circunstancias que le llevan a conocer a Víctor Frankenstein, alguien en quien se ve reflejado y que brevemente satisface su necesidad de entablar algún tipo de relación. Luego, Víctor narra la serie de sucesos que desembocan en su llegada al barco, desde su niñez hasta su fatídico encuentro con el monstruo. En ese momento, cambia brevemente la perspectiva para introducir la voz del monstruo (aunque, teniendo en cuenta que se encuentra dentro de la narración de Víctor, podría cuestionarse la fiabilidad de esta voz en ciertos momentos), donde conocemos sus primeros momentos de vida y su año en solitario, incluida la historia de sus llamados “protectores”, hasta su reencuentro con el creador. Por último, la historia concluye con las últimas cartas de Walton, donde anuncia su regreso a casa. A través de estas voces obtendremos distintas perspectivas de cada uno de los personajes de la historia: Walton como un intelectual solitario, Víctor como un noble consumido por sus secretos y el monstruo como víctima, entre otras.

Las referencias más obvias de la novela se encuentran en el propio subtítulo de la obra (“El moderno Prometeo”) y la referencia al inicio a Paradise Lost, de John Milton. Centrándome en la primera referencia, Shelley establece ciertos paralelismos entre Víctor y Prometeo, ya que su ambición lo conduce a lo inalcanzable, a descubrir el secreto de la creación de la vida. Cuando por fin se materializa su proyecto (nunca mejor dicho), se ve atormentado por su creación eternamente hasta su muerte. Por otro lado, hay incluso algún guiño más directo en el personaje del monstruo, como cuando él mismo descubre el fuego, cuando decide entregar leña a sus protectores o cuando finalmente decide morir atado a una pira.
Como opinión personal, diré que el personaje de Víctor, a pesar del contexto histórico, me resultaba algo incoherente a ratos. Tras pasar meses entregado al proyecto de su vida, hasta el punto de hacer mella en el plano físico y de estar más que dispuesto a cometer atrocidades como profanar tumbas, su reacción al ver a su obra magna cobrar vida… ¿es huir y cerrar los ojos como si no hubiera pasado nada? ¿Cómo puede ser que la respuesta a cualquier adversidad de este personaje sea caer enfermo hasta que se resuelva por sí sola? En fin, entiendo el tono dramático, pero a veces me parece que se abusaba de ello.

Dramatismo aparte, la parte que más disfruté fue, sin lugar a dudas, la historia contada por el monstruo y el debate entre Víctor y él cuando finalmente se niega a crear una segunda criatura. Es en esta ocasión cuando resulta más evidente cómo se va difuminando esa fina línea que divide al creador y a la creación. De hecho, si extraemos algunas citas de la obra sin contexto, resulta difícil determinar quién las pronuncia.

Remember that I have power; you believe yourself miserable, but I can make you so wretched that the light of day will be hateful to you.

Al final, tanto Víctor como el monstruo son reflejos de sí mismos, y comparten momentos de gloria y desolación. No obstante, la segunda emoción es la única en la que pueden llegar a converger. Víctor crea un monstruo que le acarreará tormento eterno; el monstruo solo ve la muerte como la única forma de conectar con su creador.

Lo que nos lleva al otro gran interrogante sobre el monstruo: ¿es intrínsecamente malvado o es víctima de las circunstancias que lo rodean? Por una parte, cuando al fin descubre que es consciente de sí mismo, es recibido con el más absoluto desprecio por todo aquel que se cruza en su camino, por no hablar de su creador; por otra parte, resulta difícil ignorar que es él el primero que asesina a un niño como acto de venganza.

Como es de esperar, el final es desastroso para todos. Las consecuencias de la búsqueda de un conocimiento inalcanzable con el único fin de satisfacer el ego es castigado con la muerte de la familia de Víctor, su propia muerte, y, finalmente, la muerte del monstruo. A modo de moraleja, y quizá como reflejo de la corriente de pensamiento romántica de la época, Walton desiste en su infructuosa expedición y decide volver a casa.

I shall die, and what I now feel be no longer felt. Soon these burning miseries will be extinct. I shall ascend my funeral pile triumphantly and exult in the agony of the torturing flames. The light of that conflagration will fade away; my ashes will be swept into the sea by the winds. My spirit will sleep in peace, or if it thinks, it will not surely think thus. Farewell.

Every Heart a Doorway, de Seanan McGuire

For us, places we went were home. We didn’t care if they were good or evil or neutral or what. We cared about the fact that for the first time, we didn’t have to pretend to be something we weren’t. We just got to be. That made all the difference in the world.

Puntuación: 3/5
Autor: Seanan McGuire
Género: fantasía
Editorial: Tor Books

PortadaEvery Heart a Doorway es una novela corta, la primera de la trilogía Wayward Children, cuya historia gira en torno a la premisa de una serie de niños que han traspasado a mundos fantásticos, mundos que ahora consideran su verdadero hogar. Los mundos parecen estar moldeados acorde a la personalidad de cada individuo, y todos ellos se definen según su orientación más próxima a la Lógica o, en cambio, al Sin sentido. Debido a una serie de diferentes circunstancias, los niños son expulsados de estos mundos; no obstante, no cesan sus intentos de volver a encontrar el camino -o, literalmente, la puerta- que los conduzca de nuevo a sus mundos. Ante la imposibilidad de readaptarse a la “vieja” realidad, la mayoría de los padres rechazan estas experiencias para tacharlas de traumas que los niños han sufrido durante su desaparición. En última instancia, recurren al internado de Eleanor West, una especie de centro de rehabilitación donde el propósito no es tanto olvidar la experiencia vivida y pasar página, sino ser capaces de reconciliarse con la nueva realidad que los rodea, ya que las posibilidades de volver son ínfimas.

Sin duda, es una premisa interesante y con mucho potencial, que vamos descubriendo mediante los ojos de Nancy Whitman, una chica que ha sido expulsada de una especie de reino de los muertos y que, como el resto, busca desesperadamente la puerta que la conduzca de vuelta a su mundo. Todo ello se desenvuelve en una prosa fluida y agradable, que abarca temas sobre la identidad, la familia y la aceptación, sin llegar a ser excesivamente cargante o condescendiente. Para el prototipo de lector de fantasía que busca evadirse, es una premisa con la que puede sentirse fácilmente identificado.

En mi opinión, es ese inesperado elemento de misterio a mitad de la historia lo que provoca que todo se vaya un poco por la borda. Quizá era porque esperaba una historia centrada en el desarrollo de los personajes, más que en un forzado giro argumental. O quizá no es el elemento misterioso en sí, sino la ejecución del mismo. Sin desvelar elementos de la trama, diré que me resultó cómica la escena a lo Breaking Bad seguida de Christopher como el flautista de Hamelín. No hablo de la falta de verosimilitud, ya que sería absurdo argumentar eso en una novela fantástica, sino de ese corte tan abrupto en el tono de la historia, por no mencionar la previsibilidad.
Por otra parte, como muchos han apuntado ya, es de elogiar un reparto tan heterogéneo de personajes. Aun así, me pareció que la inclusión de personajes asexuales y transexuales por parte de la autora era algo… forzosa (sobre todo los diálogos iniciales entre ellos); como si el propósito fuera tachar elementos de una lista.

No quiero decir que Every Heart a Doorway haya sido una decepción, pero últimamente no logro acertar del todo con la fantasía. La versión que Tor Books ofreció recientemente de forma gratuita, en formato ebook, incluía un adelanto de la segunda parte – Down Among the Sticks and Bones – que me ha dejado con ganas de más. Por el momento, creo que me tomaré un respiro.

Yabarí, de Lola Robles

Son hombres como usted y yo, y como los yabaríes. Cuando eran niños, igual que todos estos pequeños con los que vamos, tenían el corazón limpio. Se han comportado de una forma malvada, pero quizás en sus circunstancias los demás también lo haríamos.

Puntuación: 5/5
Autor: Lola Robles
Género: ciencia ficción
Editorial: Editorial Cerbero

PortadaYabarí es la segunda entrega de la colección Wyser de la Editorial Cerbero. Esta nueva editorial desembarcó en Barcelona la semana pasada y, tras asistir a la presentación en Gilgamesh y oír hablar a Lola Robles, sabía que tenía que leer esta novela corta. Y no me defraudó. Me da cierto reparo reconocer que tengo serias lagunas en obras de género firmadas por autores españoles (y ya no hablemos autoras), aunque espero ir remediándolo poco a poco.

Nada más empezar la lectura, me sorprendió descubrir el guiño a la famosa novela de Joseph Conrad, pues me trajo gratos recuerdos de mis últimos años de carrera. En esta ocasión, no estamos en África, sino en Yabarí, un planeta cuya vasta selva alberga una nueva y codiciada forma de combustible, la bentá. La protagonista, Muriel Johansdóttir, acude al planeta como corresponsal de la agencia LEF con el objetivo de investigar ciertas prácticas cuestionables que están llevando a cabo las empresas explotadoras sobre los nativos de este planeta. Por desgracia, a pesar de estar ambientada en un futuro donde abundan los avances tecnológicos y los viajes espaciales, hay cuestiones que han logrado permanecer vigentes con el paso del tiempo: corrupción, maltrato, explotación sexual de las mujeres, etc.

Yabarí es una novela corta que logra plantear una serie de cuestiones interesantes sin perjudicar al trepidante ritmo de la historia. Muchos argumentarán que no existe un “cierre” como tal; no obstante, creo que parte del atractivo de la novela es dejar suficiente espacio al lector para reflexionar y formar sus propias opiniones. Lola Robles comentaba durante la presentación que vivimos actualmente en la sociedad de lo inmediato, e incluso añadiría, en un entorno donde lo habitual es recibir un exceso de información que digerimos sin pensar.

Más allá de la acción y del increíble mundo que Robles ha creado en tan pocas páginas, uno de mis momentos favoritos de la historia es el debate que tiene lugar entre Darkóvic y Managua sobre la naturaleza de las misteriosas Zonas Blancas de la selva (un poco como Jack y Locke en Lost: hombre de ciencia y hombre de fe, respectivamente). En cualquier caso, ambos personajes arrojan explicaciones de distinta naturaleza sobre los misteriosos eventos que suceden en estos enclaves. No llegamos a conocer la opinión de la periodista pero, en el contexto de esta novela, ¿quién tiene autoridad para afirmar que una teoría es más válida que la otra? Darkóvic va un paso más allá: ¿hasta qué punto resulta relevante saber la verdad, si antes de que lleguemos a una conclusión hemos pasado al siguiente asunto del día? Aunque el principal objetivo de Johansdóttir sea denunciar a las empresas explotadoras, ella misma es consciente de que cualquier tipo de respuesta o ayuda por parte de otros planetas llevará tiempo.
Quizá no es tan importante la respuesta en sí a estas cuestiones, sino la búsqueda de la verdad a través de los testimonios de distintos individuos moldeados por sus propias creencias y su educación (ya vemos lo pronto que se desacreditan los personajes entre sí) y nuestra actitud a la hora de enfrentarnos a la verdad. Cuando por fin contamos con los puntos de vista de Darkóvic, Managua y el nativo, ¿sirve toda esa información para llegar a una respuesta o para distorsionar la realidad todavía más?

Otro de mis elementos favoritos de la historia (y esto es raro que lo diga) es la protagonista. En ocasiones, me resulta difícil conectar con los personajes femeninos retratados en historias de fantasía y ciencia ficción porque todas parecen tener en común cierta fuerza, poder especial o voluntad que las conduce sin vacilación a lo largo de la historia. Sin embargo, Muriel es… humana, en el mejor sentido de la palabra. No solo demuestra ser tenaz, curiosa e incluso valiente cuando la situación lo requiere, sino que también entrevemos vulnerabilidad, miedo e incertidumbre.

En resumen, Yabarí es una novela corta con una gran carga argumental que cumple a la perfección su propósito. No será lo último que lea de Lola Robles o de esta editorial. Si os interesa, podéis haceros con el libro en formato físico o digital desde su propia página web.

El cuento de la criada, de Margaret Atwood

Mejor nunca significa mejor para todos. Para algunos siempre es peor.

Puntuación: 5/5
Autor: Margaret Atwood
Género: distopía, ficción especulativa
Editorial: Penguin Random House

PortadaCreo que por fin me he reencontrado con Margaret Atwood. Después de leer MadAddam y Hag-Seed (de la última quiero hablar en algún momento, ya que forma parte de la serie Hogarth Shakespeare), tenía una impresión algo tibia de la autora. No lograba conectar del todo con sus personajes o con su estilo literario, pero The Handmaid’s Tale (El cuento de la criada, recientemente reeditado por la editorial Salamandra a propósito del estreno de la adaptación televisiva) es otra historia. La novela, publicada por primera vez en 1985, es relevante e incómoda a partes iguales, quizá ahora más que nunca.

The Handmaid’s Tale es una novela distópica ambientada en un futuro cercano en la República de Gilead (anteriormente Estados Unidos), donde se ejerce un régimen teocrático que contempla una vuelta a los valores puritanos del siglo XVII. 

La novela está narrada en primera persona e incluye una serie de flashbacks en los que Offred, la protagonista, intercala recuerdos del pasado (sus años universitarios, su relación con su madre y su mejor amiga, el nacimiento de su hija, etc.) con sus vivencias actuales como Criada en la residencia del Comandante Waterford, acompañada de la mujer del Comandante y las Marthas encargadas de las tareas del hogar. Debido a los bajos índices de fertilidad que han asolado a la República de Gilead, la tarea principal de las Criadas consiste en mantener relaciones sexuales con el Comandante con la esperanza de producir descendencia.

La religión es uno de los pilares fundamentales en los que se basa esta sociedad, siempre bajo el pretexto de aumentar la tasa de natalidad de la población. La figura de la mujer queda desprovista de identidad y es relegada un único plano: ser madre. Por esta razón, la República ejerce todo su poder con el fin de controlar el cuerpo y la identidad de las mujeres; no pueden votar, leer, o tener propiedad o trabajo. A diferencia de los hombres, las mujeres están únicamente definidas por su rol de género: esposas, hijas, criadas, tías, Marthas, «Jezebels» (prostitutas) y «Unwomen» (detractoras del régimen).

Por otra parte, el poder también se ejerce mediante un uso específico del lenguaje, incluidas las fórmulas dialectales cotidianas (saludos, despedidas, muestras de agradecimiento, etc.) restringiendo así las ideas que puedan expresarse. De hecho, incluso la propia denominación de las Criadas implica sumisión, ya que sus nombres están compuestos por el nombre del Comandante al que pertenecen (Offred, en inglés: Of Fred; o en español: Defred: de Fred).

Las figuras secundarias de esta jerarquía incluyen, entre otros, los Obreros (trabajadores del Comandante a los que no se les asignan mujeres), los Ojos (espías del régimen), las Marthas (sirvientas del hogar) y las Tías (encargadas de la instrucción y supervisión de las Criadas). Cualquier desviación de la norma por parte de las Criadas o fracaso a la hora de procrear después de un período determinado de tiempo (al fin y al cabo, la sociedad solo reconoce a las mujeres como causantes de la infertilidad) implica su exilio a las Colonias, donde llevarán a cabo labores de limpieza de residuos tóxicos u otras sustancias hasta su inevitable muerte.

Por desgracia, la respuesta al abuso de poder y el sentimiento que, finalmente, prevalece a lo largo de la novela es la complacencia por parte de todos los miembros de la sociedad. Moira, el Comandante, Offred, Serena Joy, las Tías… todos y cada uno de ellos intentan aferrarse a cualquier atisbo o ilusión de poder, incluso si ello implica traicionar su propia identidad y valores, al mismo tiempo que colaboran a perpetuar el régimen.

Como es de esperar, el final es escalofriante y desolador, aunque he de reconocer que sentí algo de alivio al leer el epílogo. Uno de los elementos más espeluznantes de la distopía que Atwood propone se centra en el hecho de que algunas de estas prácticas han existido, o existen, en algunas culturas. El tema principal es el control de la natalidad y la sumisión de las mujeres, representado en esencia por la figura de la Criada; no obstante, también vemos la persecución y condena de los delincuentes en público; robos de niños por parte del gobierno en las primeras etapas de la consolidación del régimen; persecución y castigo por distintas orientaciones sexuales, etc. Por desgracia, no es una historia con moraleja, ya que no es necesario hacer un exagerado esfuerzo de imaginación para comprender muchos de los sucesos acontecidos en The Handmaid’s Tale. En la mayoría de los casos, siguen siendo una posibilidad más que factible en la sociedad actual.